El primer turno había sido duro para ambos bandos. La artillería imperial había abierto algunas brechas en el avance orko, pero el combate cuerpo a cuerpo que se estaba llevando a cabo en pleno corazón de las líneas imperiales suponía un serio peligro.
En el segundo turno los orkos volvieron a ganar la iniciativa. El karro de guerra de Zacodemugre pisó el acelerador a fondo y avanzó a velocidad endiablada a través de la calle con la misma idea de hacerse con la maquinaria humana… o tal vez no. Con un siniestro crujido se estampó contra el Chimera cargado de ogretes que acababa de asomar por la esquina de la calle. El habitáculo se plegó como si fuera de plástico aplastando al piloto y clavó al vehículo donde se había quedado, y los ogretes salieron de inmediato por la rampa trasera, con sus destripadores en ristre.
Zacodemugre saltó del karro acompañado de su escolta de nobles soltando un rugido. El capitán Dezmo decidió apostar fuerte, y ordenó una carga. Con el kaudillo destruido los orkos perderían buena parte de su motivación…
El efecto combinado de los lanzallamas, los rifles de fusión, la pistola de plasma y el puño de combate del capitán cumplieron su cometido…a medias. Tras el choque cuatro nobles yacían muertos en el suelo, y el propio Zacodemugre se hallaba herido. Pero la respuesta de un kaudillo encabr…enfurecido no era para tomársela a la ligera, y eso le costó la vida al capitán y sus hombres (el Emperador se apiade de su alma).
En el movimiento de consolidación, el kaudillo se abalanzó sobre los ogretes que en ese momento saltaban por entre los restos del Chimera y los volvió a trabar en combate. Los ogretes hicieron lo que mejor sabían hacer, y al final del combate tan solo quedaban Zacodemugre con una sola herida y dos nobles más. Sin embargo el precio había sido una escuadra de ogretes con los miembros esparcidos en derredor…
A la orilla de los muelles, un temerario koptero se lanzó desde las alturas contra el flanco de las líneas imperiales. Su bomba de mano no causó demasiada destrucción –tan solo dos bajas- y el fuego al que fue sometido le costó una herida, pero eso no pareció importarle demasiado al piloto. Con una carcajada enloquecida pasó de largo sobre las cabezas de la infantería imperial y se abalanzó sobre el desprotegido Basilisk. La enorme sierra giratoria impactó en el cañón del blindado y lo destruyó, dejando inservible la valiosa maquinaria imperial. Otro de los flancos imperiales se veía comprometido.
El Hellhound derrapó por entre la chatarra, deshaciendo la misma ruta que acababa de hacer el koptero orko. Los pieles verdes también habían desatendido su flanco, y el Hellhound aprovechó el error para lanzar un muro de llamas sobre el solitario tanke zakeado que se hallaba entre unas ruinas. Por desgracia solo consiguió inmovilizarlo.
En el centro de las líneas imperiales, el combate con la avanzadilla orka proseguía en medio de una gran confusión. Era bastante seguro que los orkos acabasen cayendo, la cuestión era si caerían con la suficiente rapidez como para reorganizar la línea imperial, y redestinar ese pelotón entero a cometidos más útiles. ¡Mientras tanto, estaban desbaratando defensa!
La escuadra de armas de apoyo, pese a tener el combate a sus espaldas, consiguió vencer sus reticencias y abrió fuego sobre la otra peña que avanzaba a pie, haciendo caer a algunos orkos aislados, y ambos Leman Russ volvieron a hacer sonar sus cañones, pero sin ningún resultado que alterase el rumbo de la batalla.
Estaba claro que el tercer turno iba a ser decisivo.



